JPY: El fin de la guerra comercial revertiría los flujos actuales hacia el Yen
El Yen japonés (JPY) ha seguido beneficiándose de la creciente incertidumbre en torno a las tensiones comerciales mundiales en las últimas semanas.
L
a moneda refugio ha sido el destino favorito en medio del creciente conflicto comercial entre Estados Unidos y China, particularmente, después de que las conversaciones entre las dos superpotencias económicas emporaran en mayo. En este repunte, el Yen se apreció más de un 5% a finales de abril, convirtiéndose en la divisa con mejor desempeño del G10 en los últimos doce meses.

Los temores sobre una escalada en la guerra comercial entre EE.UU y China provocaron que los inversores acudieran a la seguridad del Yen el año pasado. El presidente Trump impuso y amenazó con sancionar con una amplia gama de aranceles a China, incluido un impuesto del 10% sobre bienes chinos por valor de 200 mil millones de dólares. Esto se incrementó, inesperadamente, al 25% en mayo, lo que provocó que los inversores se preocuparan de que un acuerdo comercial, tan esperado, entre los dos países no fuese la conclusión inevitable que el mercado había esperado. Para empeorar las cosas, en agosto Trump impuso nuevos aranceles del 10% sobre las importaciones chinas por valor de 300 mil millones de dólares con vigencia a partir del 1 de septiembre.

Si bien un acuerdo final está lejos de estar garantizado, hemos visto suficientes signos positivos que sugieren que es probable. Trump declaró a finales de septiembre que se habían tenido “buenas conversaciones” y que un acuerdo podría cerrarse “antes de lo esperado”. Seguimos creyendo que la administración Trump no es fundamentalmente seria acerca de perturbar los patrones comerciales con su retórica proteccionista y que ésta es, en gran medida, una táctica de negociación en lugar de cualquier otra cosa. Creemos que un acuerdo entre EE.UU y China, indudablemente, conduciría a una reversión de los recientes flujos refugio hacia el Yen.

La incertidumbre en torno al comercio mundial ha eclipsado los decepcionantes datos macroeconómicos de Japón y la posterior postura acomodaticia adoptada por el Banco de Japón. El deterioro de las condiciones económicas en el país le ha dado al Banco de Japón (BoJ) muy pocos incentivos para alterar su postura de política monetaria. El Banco de Japón mantuvo los tipos de interés sin cambios en su última reunión en septiembre y, recientemente, se unió al coro de los principales bancos centrales para mantener sus opciones abiertas a la flexibilización de políticas adicionales en caso de que la economía empeorara.

El gobernador del Banco de Japón, Haruhiko Kuroda, reiteró la voluntad del banco central de actuar de manera preventiva para contrarrestar los riesgos a la baja, afirmando que expandiría su programa de estímulo “sin dudarlo”. El Banco de Japón ha mantenido su tipo de interés principal a corto plazo negativo, en -0,1%, como lo anticipamos, y lo ha mantenido estable durante más de tres años. Su llamado “alivio monetario cuantitativo y cualitativo con control de la curva de rendimiento” también hace que el banco compre bonos del gobierno a un ritmo anual de aproximadamente 80 billones de yenes para mantener un rendimiento de los bonos del gobierno a 10 años en, alrededor, a cero.

La postura política altamente acomodaticia del Banco de Japón solo ha tenido un impacto modesto en la inflación interna, la principal medida que los legisladores japoneses observan al decidir sobre la política monetaria. La inflación general repuntó en el segundo trimestre del año, aunque se mantuvo muy por debajo del nivel objetivo del 2% del banco central, en el 0,3% en agosto.

El crecimiento de los precios también se mantiene estancado y no ha logrado superar el nivel del 1% en cada mes desde 2015, cayendo a su nivel más bajo desde julio de 2017. Mientras la inflación continúe sin mostrar signos de un retorno al objetivo del Banco de Japón, creemos que la política monetaria en el país seguirá siendo muy acomodaticia en 2019.

Con un inminente aumento de los impuestos que entrará en vigor en octubre y las incertidumbres externas que nublan el panorama global, los responsables de política monetaria continuaron emitiendo un tono moderado sobre la economía japonesa en septiembre, tras haber revisado a la baja su pronóstico de crecimiento para este año fiscal en julio. El Banco de Japón, ahora, espera que la economía japonesa se expanda solo un 0,7% en 2019 en comparación con su proyección anterior del 0,8%, en gran parte, debido a su expectativa de un ritmo mucho más lento de expansión de las exportaciones. Tras el 2,2% anualizado de los primeros tres meses del año, el crecimiento en Japón se ha reducido, llegando a casi la mitad de esta tasa en el segundo trimestre. Las señales para el resto del año no son tan alentadoras.

Los índices de actividad en la considerable industria manufacturera del país se han derrumbado desde principios de año, cayendo por debajo del nivel de 50 que denota una contracción en cada mes menos uno desde febrero. La producción industrial también se colapsó en junio, lo que no es un buen augurio, contrayéndose en 3,3% aunque, desde entonces, se ha recuperado algo.

A pesar de los recientes titulares, seguimos siendo optimistas respecto a la posibilidad de que se llegue a un acuerdo comercial entre Estados Unidos y China en algún momento en los próximos meses. Esto, como mencionamos, debería conducir a una reducción de los flujos refugio y a un aumento del apetito por el riesgo. Una reversión en los flujos refugio y la persistencia de la moderación por parte del Banco de Japón, que parece estar preparado para mantener su postura acomodaticia en el futuro inmediato, debería, creemos, conducir a una depreciación del Yen japonés frente al Dólar a finales de 2020.

Dicho esto, revisamos nuestras previsiones a corto plazo para el Yen. La mayor incertidumbre en torno la a guerra comercial ha aumentado los flujos refugio y ha hecho que el Yen se fortalezca en un grado mucho mayor de lo que habíamos previsto.
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